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El poblamiento y la arquitectura
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De todos los términos municipales, el de Santiago-Pontones presenta una mayor extensión y al mismo tiempo una mayor dispersión de la población en su interior, mientras que otros presentan un único núcleo de población o apenas tienen aldeas. Si analizamos las tres comarcas –Cazorla, Segura y Las Villas- veremos cómo en la sierra de Segura la mayoría de las zonas habitadas están dentro del Parque Natural, albergando el mayor número de aldeas y núcleos dispersos.

En el caso de las poblaciones de las Villas, los núcleos de población están fuera de la zona protegida y apenas hay habitantes en los enclaves que están dentro del parque. En la sierra de Cazorla encontramos una situación intermedia, destacando Cazorla, el municipio más poblado de la comarca, que está a las puertas del parque. Por otro lado, existe una menor dispersión de núcleos habitados, por lo que la relación del ser humano con el medio es distinta si la comparamos con la sierra de Segura.

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En los últimos tiempos se han ido perdiendo muchas de las manifestaciones de la cultura tradicional de los municipios que conforman el parque natural y que en la mayoría de los casos se han transmitido de forma oral durante siglos. La emigración, los cambios culturales de la sociedad actual y la irrupción de la tecnología en la vida cotidiana han modificado los hábitos culturales y las formas de vida de estas poblaciones, sin embargo todavía en muchas zonas el viajero puede disfrutar de una imagen suspendida en el tiempo en la que perviven huertas cultivadas, paredes encaladas y viviendas que se resisten a adaptarse a los nuevos tiempos.

 

Piedra, teja, madera y cal

En cualquiera de las aldeas, incluso en los cascos antiguos de la mayoría de los pueblos, podemos observar la adaptación al medio. En las construcciones se aprecia la utilización de los materiales disponibles como toba (piedra caliza porosa), madera, caña, fibras vegetales, cal o teja, sin perder de vista la autosuficiencia en su construcción por parte de unas gentes que disponían de unos recursos muy limitados.

La piedra se ha empleado mayoritariamente en las construcciones tradicionales, normalmente sin modelar y unida mediante una masa elaborada a base de cal. Únicamente se retocaban las esquinas o las caras visibles, por lo que en estos casos se usaban piedras más blandas, como la toba. En el interior se utiliza el adobe, que es una mezcla de barro y paja, siendo un material barato y muy apto para su uso en interior.

La madera era el elemento más utilizado para los soportes interiores, mediante su uso como rollizos y cuartizos sobre los que se disponía la tablazón que constituía el techo y el suelo de la planta superior. Los tejados estaban realizados mediante una armadura de madera hecha con tablazón y rollizos. Junto a la importancia en la construcción, la madera era utilizada para puertas, ventanas y mobiliario.

Las construcciones se cubrían mediante tejas de tipo árabe, mediante el sistema de cobijas y canales, disponiéndose de forma que la parte más estrecha de cada una de ellas se solapara con la más ancha de la siguiente.

El interior de las viviendas era curioso, pues en muchos casos la vivienda estaba formada por la unión de partes de otras casas, o una parte a la que se añadía otra. Esto era fruto de herencias que repartían las casas entre sus hijos, lo que hacía necesario añadir habitaciones nuevas. En el interior la distribución era irregular y en ocasiones había escalones al pasar de una habitación a otra. La zona más fresca era la destinada a la despensa donde se ubicaban los jamones, orzas y otros productos. En el segundo piso se disponían las cámaras, unas estancias abuhardilladas que hacían las funciones de almacén y trastero en el que se guardaban recipientes para el grano y para la matanza.

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Las aldeas se ubican sobre colinas en las que había nacimientos de agua y donde se podían construir caminos hacía las vías de comunicación; otras veces, en cambio, se construían junto cursos de agua en los valles.

 

Los espacios comunales

Las viviendas se agrupaban formando aldeas y cortijadas rodeadas de zonas de huertas que eran regadas gracias a los nacimientos de agua y un sistema de regadío compuesto de acequias y albercas. Junto a las casas era frecuente la existencia de corrales y pajares en los que los habitantes tenían sus animales de labranza junto con aves de corral. Había una serie de elementos comunes como la era, el horno, el lavadero y algunos terrenos cuyo pasto era para todos los vecinos.

Había una serie de actividades relacionadas con la vida en las aldeas y la economía de subsistencia. La agricultura era la base fundamental, destacando tierras de regadío y de secano. De ellas se obtenían productos necesarios para la alimentación de la familia. En el secano se sembraba el cereal para alimentar los animales de carga y también moler el grano y obtener harina con la que amasar el pan para el consumo familiar.

La cría del cerdo era muy común, alimentándose de desperdicios de la casa y de tubérculos y frutos hasta que llegaba la matanza, un acontecimiento en el que participaba toda la familia. Todavía hoy se hace la matanza en muchas aldeas del parque natural. Era muy común el pastoreo a pequeña escala para obtener carne, leche y lana. Estas actividades se completaban con la apicultura a través de unas pocas colmenas hechas con cortezas de árboles para obtener miel.

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