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LA FUENTE DE ANDALUCÍA

Estás a punto de viajar por uno de los últimos paraísos del mundo natural en el Sur de España. Un inmenso refugio para cientos de especies vegetales y animales de enorme importancia -muchas de ellas solo existen en esta zona-. Difícilmente olvidarás los grupos de gamos en la Cañada de las Fuentes, o los buitres leonados sobre la Peña de los Halcones. Disfrutarás de cascadas, arroyos y lagunas que tienen el privilegio de alimentar en sus primeros pasos al río más importante de Andalucía: el Guadalquivir.

El “Río Grande”, como lo llamaban los árabes, marca la vida de este territorio y favorece la explosión de biodiversidad más importante del Parque. Aquí, junto al cerro Gilillo, se describió para la ciencia la violeta de Cazorla (Viola cazorlensis); sólo en este territorio podemos encontrar una treintena de endemismos serranos, es decir, de plantas que prácticamente no pueden encontrarse en ningún otro lugar del mundo.

Pero quizá lo más característico de esta zona sean los grandes mamíferos: descubrir un grupo de cabras monteses en los Poyos de la Mesa, o una pareja de muflones en el Estrecho de los Perales son momentos únicos. Ciervos, corzos, jabalíes pasarán junto a nosotros, un poco habituados ya a la presencia humana.

También el cielo está lleno de vida, porque son más de 150 especies de aves las que lo pueblan: águilas, milanos y halcones esperan el regreso del quebrantahuesos, el mítico buitre que desapareció hace 20 años de estas sierras. Ahora un ambicioso proyecto de conservación intenta recuperar esta pacífica y majestuosa rapaz.

En Cazorla te aguardan hermosos edificios rodeados de leyenda, cultura y gastronomía. La Iruela te asombrará con su espectacular castillo templario. En Quesada conocerás el Museo Zabaleta y en Peal de Becerro podrás visitar la cámara sepulcral de Toya, uno de los monumentos íberos más fascinantes de España.

Viajando por estos caminos podrás rememorar los viajes de Félix Rodríguez de la Fuente, que sigue vivo en la Nava de San Pedro y en el Collado de la Zarca, donde un solemne ejemplar de pino laricio lleva su nombre y recuerda a cada visitante su respeto y pasión por la naturaleza.

 

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