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La vegetación
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LAS PLANTAS EXCLUSIVAS

Este es un parque natural muy original, muy apreciado por quienes saben valorar que es el segundo de Europa desde el punto de vista de la riqueza de su flora. Es tan original que cuenta con 35 especies endémicas, que no las podrás encontrar en ningún otro lugar del mundo, y 110 que son exclusivas de Andalucía.

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Entre ellas, la bellísima violeta de Cazorla (Viola cazorlensis), que habita sobre algunas rocas y se ha convertido en un verdadero icono del Parque. El narciso de Cazorla (Narcissus longispathus), que crece cerca de algunos arroyos, es el narciso silvestre de mayor tamaño de la península ibérica. Otras plantas cuyo apellido lo dice todo son el erodio de Cazorla (Erodium cazorlanum) y el geranio de Cazorla (Geranium cazorlense).


LAS PLANTAS EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

En el parque natural hay muchas plantas cuyo riesgo de extinción, en diversos grados, está oficialmente reconocido en el Catálogo Andaluz de Especies Amenazadas. Hay 12 especies declaradas oficialmente en peligro de extinción, como el tejo (Taxus baccata) y el abedul (Betula pendula ssp. fontqueri), y otras 25 clasificadas como vulnerables a la extinción, entre las que destacan árboles como el acebo (Ilex aquifolium), el cerezo de Santa Lucía (Prunus mahaleb) y el mundillo (Viburnum opulus).

En un mundo que pierde biodiversidad aceleradamente, un santuario de la flora europea como este parque natural adquiere una relevancia extraordinaria. Por todo ello, cada vez que vengas al parque estás entrando en un auténtico santuario de la flora europea y en uno de los puntos calientes de la biodiversidad del ámbito ecológico mediterráneo. Será una satisfacción para ti contribuir a su conservación conociéndola y respetándola.


EL MILAGRO DE LA DIVERSIDAD

El abrupto relieve del parque hace posible la vida de una enorme variedad de especies, adaptadas a las distintas altitudes, orientación de las laderas, grados de humedad, clases de suelo, etc. Un barranco sombrío, una cumbre o una ladera soleada ofrecen, en muy poca distancia, ambientes vegetales totalmente distintos. alt

Además, cuando observamos la vegetación somos testigos de la huella que el tiempo ha dejado a lo largo de millones de años. Por su situación al sur de la actual Península Ibérica, esta zona acogió a un gran número de plantas del norte de África, cuando el Estrecho de Gibraltar aún no existía y Europa y África estaban unidas; al abrirse el Estrecho y quedar separados ambos continentes,  muchas especies encontraron refugio en estas sierras produciendo adaptaciones únicas.

Otro factor decisivo fueron las glaciaciones. Estas supusieron sucesivas oleadas de clima frío, que trajeron aparejadas especies adaptadas a esas circunstancias procedentes del norte de Europa. Cuando las temperaturas subieron, algunas de esas especies permanecieron en nuestras montañas, porque en ellas se mantiene un clima más frío y húmedo que en las tierras circundantes, gracias a su altitud y orientación. Es el caso del acebo o el avellano, tan raros en Andalucía.

 

LOS PINARES

El parque huele a pino. O, mejor dicho, a pinos, porque son tres las principales especies de pinos que dominan su paisaje. Cada uno reina en una franja de la montaña, según su altitud. Hasta los 1000-1100m domina el pino carrasco (Pinus halepensis). A partir de esa altitud toma el relevo el pino negral (Pinus pinaster), y por encima de los 1300-1400m se extiende el imperio del pino laricio (Pinus nigra).

Todos austeros y resistentes, pero cada cual con su carácter, ya que cada uno es más o menos amigo del agua, del hielo, de la roca o de la luz. En cualquier caso, el pinar ofrece soluciones a medida para casi todas las condiciones que se dan en el parque.

De los tres citados, el pino laricio –que aquí llamamos salgareño- es el más distinguido y el que más distingue a las sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, que albergan los mejores bosques españoles de esta especie. Por eso el salgareño, que en el pasado sirvió para construir barcos, edificios civiles y catedrales, es hoy el emblema del parque, como así se muestra en su logo oficial. Sus esbeltos troncos de corteza gris cenicienta dominan el paisaje de grandes zonas boscosas de las franjas de mayor altitud, donde están la mayor parte de los ecosistemas más valiosos del Parque. alt

Según un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en el Parque Natural está el conjunto de árboles vivos más longevos de España. Se trata de un conjunto de pinos laricios cuyos ejemplares más antiguos se acercan a una edad de once siglos.

 

LOS ÁRBOLES DE HOJA CAEDIZA

El quejigo (Quercus faginea), considerado como el roble del sur, es abundante en los fondos de valle y en los rellanos fértiles de casi todo el parque, a muy distintas altitudes. Los grandes quejigares de antaño cedieron terreno ante la agricultura, la ganadería y el carboneo, pero hoy los robres, como aquí se los llama, recuperan su esplendor mezclados con los pinos e incluso siendo la especie dominante en algunas zonas. El porte majestuoso de los viejos quejigos del parque desprende esa magia que ofrece la naturaleza cuando se le permite dar lo mejor de sí misma.

El otro roble del parque es el melojo o rebollo (Quercus pyrenaica), cuya presencia sorprende por ser especie poco amiga de los paisajes calizos. Sin embargo, entre los 1100-1400m de altitud, se dan afloramientos arenosos silíceos con la suficiente humedad como para regalarnos la vista con las hojas de borde ondulado del melojo.

Aunque para goce estético el de los arces, cuando sus hojas se tornan naranjas y rojizas. Suelen estar dispersos y pertenecen a dos especies: el arce granadino (Acer granatensis), en zonas medias y altas, y el de Montpelier (Acer monspessulanum), más escaso que el anterior.


EL NORTE EN EL SUR

Hay visiones de la flora del parque que parecen christmas navideños porque en algunos enclaves, estando en el sur, tendrás la sensación de estar en el norte. ¿Son posibles los acebos en Andalucía? ¡Aquí, sí! Y los tejos, y los avellanos y hasta algunos abedules. La altitud, las umbrías y la abundancia de precipitaciones hacen posible este milagro.

En el parque natural quedarás cautivado cuando te sientes a la sombra de tejos milenarios, cuando pasees bajo la espesa sombra de una acebeda o cuando descubras los avellanos más meridionales de Europa. Un lujo en Andalucía para gourmets del paisaje.

Pero hay más. Dispersos por aquí y por allá, siempre en situaciones propicias de sombra y humedad, encontrarás árboles inesperados, como olmos montanos (Ulmus glabra / Ulmus montana), cerezos de Santa Lucía (Prunus mahaleb) y distintos serbales (Sorbus aria, Sorbus torminalis). Hasta el mágico muérdago (Viscum album) de los ritos célticos se encarama a las ramas retorcidas de los añosos pinos laricios.


EL MONTE MEDITERRÁNEO

Poderosas encinas (Quercus rotundifolia), fragantes madreselvas (Lonicera spp.), madroños (Arbutus unedo) de sabrosos frutos…, docenas de especies de arbustos y matorrales propios del monte mediterráneo se cobijan bajo el dosel protector del pinar y, a veces, adquieren protagonismo exclusivo y se adueñan por completo del paisaje. En otoño, las hojas de la cornicabra (Pistacia terebinthus) pasan del amarillo al encarnado, mientras los rosales silvestres (Rosa sp.) dan sus frutos rojos y el durillo (Viburnum tinus) los suyos de color azul cobalto. alt

El parque huele tan bien que, en algunos momentos, cuatro de tus cinco sentidos quedarán momentáneamente en suspenso. Te bastará con tocar, o incluso mover, algunos matorrales, para que todo el ambiente se perfume: el romero (Rosmarinus officinalis), la lavanda (Lavandula latifolia), aquí llamada espliego, el tomillo (Thymus orospedanus), la mejorana (Thymus mastichina) y la ajedrea (Satureja montana) aromatizan muchos miles de hectáreas del Parque Natural. Hay rodales donde casi puede decirse que todo el monte es orégano (Origanum virens, Origanum vulgare).

Lentiscos (Pistacia lentiscos), enebros (Juniperus communis, Juniperus oxycedrus), agracejos (Phillyrea latifolia) y tantos otros arbustos, conforman una densa floresta que es un paraíso para la fauna silvestre. Y si sabes apreciar la tenacidad y espíritu de resistencia, apunta esto: la discreta y primitiva sabina mora (Juniperus phoenicia) cubre laderas enteras con sus troncos retorcidos. Aquí, hasta las fuertes pendientes cubiertas de rocas se visten de verde.


LAS CUMBRES

Estamos en el reino de las grandiosas panorámicas, donde verás planear al buitre leonado y trepar a la cabra montés. Es aquí donde los elementos naturales se manifiestan en toda su pureza, porque ha sido el territorio menos explotado por el ser humano.

A partir de los 1600-1700 m. de altitud, el suelo se torna rocoso y el clima juega duro: nevazos y heladas en invierno; sequedad y fuerte irradiación solar en verano. Aún así, la vida gana una vez más la partida adaptándose a las más duras condiciones.

El pino laricio es casi el único árbol capaz de afrontar tantas limitaciones, adoptando un aspecto tortuoso y achaparrado. El viento talla el porte de algunos pinos haciendo que todas sus ramas crezcan en el sentido opuesto a su dirección dominante. Son los elegantes pinos bandera. En el suelo, la sabina rastrera (Juniperus sabina) se pega como una lapa para resistir al viento y poder permanecer mucho tiempo bajo la nieve. Esta constituye, paradójicamente, un excelente aislante térmico. alt

Otras plantas adoptan formas redondeadas y aerodinámicas para defenderse de los vientos, como los diversos piornos (Erinacea anthyllis, Genista lobelii, etc.) que cubren de color la alta montaña durante los meses templados con sus florecillas malvas, blancas y amarillas. La tradición popular les ha dado nombres tan inclementes como rascaviejas o asientos de monja…, porque sus hojas son espinas.

Y es precisamente aquí, sobrecogido por las dimensiones del paisaje, donde puedes maravillarte con lo más pequeño: plantitas de aspecto humilde, pero con una potente raíz que penetra en la pura roca. Son especies adaptadas a condiciones muy particulares, dándose entre ellas un gran número de endemismos, como el pisapastores (Arenaria alfacarensis). Si te gustan el minimalismo y la exclusividad, no es necesario que visites sofisticados locales. Aquí son puras estrategias de supervivencia.

 

EL AGUA

Al amparo de la humedad del suelo, la frondosa vegetación que acompaña a nuestros ríos da carácter y contraste al paisaje por su intenso verdor en los meses cálidos y sus tonos amarillos y ocres en otoño e invierno.

La vegetación de ribera se dispone en bandas paralelas al río. La franja más cercana al cauce está ocupada por la sauceda (Salix sp.), donde dominan las rojas mimbreras tradicionalmente usadas en la cestería. Si el curso de agua es permanente y el río no circula muy encajado en sustratos rocosos, aparece en segunda línea un bosque en forma de galería, dominado por árboles como los fresnos (Fraxinus angustifolia), los álamos (Populus alba, Populus nigra) y los sauces arbóreos. Son frecuentes la zarzamora (Rubís ulmifolius), la parra silvestre (Vitis vinifera ssp. sylvestris) y diversas madreselvas (Lonicera sp.) Donde la corriente es lenta aparecen el carrizo (Phragmites australis) y la enea o espadaña (Thypha sp.) .
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Además, en el entorno húmedo de las orillas se dan junqueras y ricos herbazales. En ellos podemos encontrar plantas aromáticas y medicinales, como la cola de caballo (Equisetum arvense), el exquisito poleo (Mentha pulegium), y diversas mentas, así como especies exclusivas del Parque, entre las que destaca el bellísimo cardo denominado Cirsium rosulatum.

Muy característico del parque es el bonal, lugar donde rezuma agua, normalmente en una ladera de montaña, tapizado casi en exclusiva por la bona (Schoenus nigricans).

Hay también árboles y arbustos que, sin ser propios de las riberas, encuentran en las cercanías de ríos y arroyos la humedad que necesitan, como el avellano (Corylus avellana) y el boj (Buxus sempervirens), que tiene el límite sur de su distribución europea sólo en estas sierras y en el cercano Parque Natural de Sierra Mágina.

LAS ROCAS

Los abundantísimos cantiles y roquedos del Parque, a pesar de su apariencia desnuda, son todo un mundo para la vegetación. En ellos crece una enorme variedad de especies que, a pesar de su apariencia siempre humilde, son auténticas campeonas de la flora, por las dificilísimas condiciones en que son capaces de vivir.

El valor ecológico de estos jardines colgantes, se ve incrementado por la existencia de numerosas especies raras, escasas y endémicas, fruto de su aislamiento, su difícil accesibilidad para el ganado y su adaptación a condiciones locales muy concretas.

Hay numerosas plantas dotadas de potentes raíces leñosas capaces de aprovechar la poca tierra que se puede acumular en las fisuras, aunque luego la parte visible de la planta sea muy discreta. Entre ellas podemos citar el pinillo de oro (Hypericum ericoides), que es un endemismo ibero-norteafricano y el té de roca (Jasonia glutinosa), muy popular por sus propiedades medicinales.
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Los paredones que rezuman agua o que reciben las salpicaduras de cascadas cercanas, son pequeños paraísos para la flora. Entre las muchas especies que pueblan estas paredes están el pequeño geranio de las cataratas (Geranium cataractarum), cuyas flores púrpura destacan en la oscuridad de las cavidades horadadas por el agua, y el abundante culantrillo de pozo (Adiantum capillus-veneris), con sus delicadas hojillas verde claro en forma de abanico y pecíolos negros. Pero la planta más llamativa de este medio, y una de las más curiosas del  parque, es la grasilla o atrapamoscas (Pinguicula vallisneriifolia). Se trata de una planta insectívora, en cuyas hojas viscosas quedan adheridos pequeñas moscas y mosquitos, cuyos nutrientes son absorbidos por la planta de forma externa. Las flores blanco-azuladas de la grasilla, especie endémica de estas sierras, tapizan a veces paredes enteras.


EL OLIVAR

La flora del olivar se ve fuertemente condicionada por los actuales sistemas de cultivo, pero la tendencia es que estos métodos van siendo cada más respetuosos con la flora y la fauna. Al fin y al cabo, el olivar es un bosque aclarado que, aunque artificial y carente de la estructura y la diversidad de los bosques naturales, constituye un complejo agrosistema donde están presentes muchas especies de plantas y animales.

En primavera, el estrato herbáceo del olivar puede llegar a ser una verdadera alfombra arcoiris, ya que el suelo se cubre con las flores amarillas de la caléndula (Calendula arvensis) y la mostaza blanca (Sinapis alba); las rosadas de la correhuela (Convulvulus arvensis); las violetas de la trompetilla (Fedia cornucopiae) o el lirio azul (Iris planifolia); las malvas de la berza boba (Moricandia moricandiodes); las rojas de la amapola (Papaver rhoeas); y las moradas de la lengua de buey (Anchusa azurea) y el nazareno (Muscari neglectum).

La recolección de espárragos silvestres, verdadero deporte popular en el parque, se desarrolla en parte en sus extensos olivares.


LAS PLANTAS AROMÁTICAS Y MEDICINALES

La flora del Parque es un tesoro para la salud y para la cocina, por la abundancia de especies aromáticas y medicinales que las gentes de esta tierra siempre han utilizado con sabiduría. Todavía queda algún artesano que sigue extrayendo esencias de alguna de ellas. La lista de estas especies sería interminable, por lo que seleccionamos algunas de las más populares:

 

  • Cola de caballo (Equisetum arvense). Se cría junto a los arroyos, y es muy popular en la comarca por su uso tradicional contra los dolores reumáticos, las enfermedades de la piel y los problemas circulatorios. Es útil contra la cistitis.
  • Espliego (Lavandula latifolia). De propiedades antisépticas y delicioso aroma  a colonia, su esencia se usaba para dar masajes contra el reuma. Se ha cosechado mucho para extraer su esencia con destino a la industria farmacéutica y de perfumería.
  • Hierba de San Juan (Hypericum perforatum). Es conocida como pericón en el Parque. Además de sus tradicionales efectos contra el reuma, la gastritis y las varices, la fitoterapia actual ha descubierto propiedades en el tratamiento de la depresión.
  • Mejorana (Thymus mastichina). Abundantísima mata con propiedades estimulantes y antisépticas, de la que tradicionalmente se extrae su aceite esencial.
  • Orégano (Origanum vulgare). Aromática imprescindible en la cocina.
  • Poleo (Mentha pulegium). Es la más popular de las siete mentas que se dan en el parque, por el sabor de su infusión y por sus propiedades digestivas.
  • Romero (Rosmarinus officinalis). Tal vez sea el matorral más abundante y conocido del parque. Junto al espliego, es la planta de la que más se ha extraído su aceite esencial. Es digestivo, tiene efectos tónicos contra la hipotensión y favorece la circulación.
  • Té de roca (Jasonia glutinosa). Se da en las grietas de las rocas y es desde siempre la más popular de estas sierras por sus aplicaciones en todo tipo de trastornos: digestivos, cardíacos, y para todo tipo de heridas e infecciones.
  • Tomillo (Thymus orospedanus). Frecuentísimo en las zonas medias y bajas, debe su popularidad a su uso como condimento, pero también tiene efectos beneficiosos contra los catarros.

 

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